Registro en línea 2019

La planta desalinizadora de Jebel Ali
(Parte 1)


¿Soluciones o compensaciones?

Dubai Electricity & Water Authority (DEWA) ha publicado los documentos de licitación para una nueva planta de desalinización en el área de Jebel Ali. Han invitado a los contratistas precalificados, quienes presentaron sus expresiones de interés para el contrato de ingeniería, adquisiciones y construcción.

La planta planificada de ósmosis inversa tendrá una capacidad de 180 millones de litros por día. Se espera que la instalación esté operativa en abril de 2020. En julio de 2016, DEWA adjudicó a la oficina de Abu Dhabi de ILF Consulting Engineers de Austria el contrato para proporcionar la consultoría de ingeniería. Toda la capacidad de desalación de Dubái se encuentra en Jebel Ali, con dos tercios de la capacidad instalada total construida desde 2003. A excepción de una unidad de ósmosis inversa de 114.000 metros cúbicos diarios, toda la capacidad existente se basa en Multi-Stage Flash (MSF) y funciona en conjunto con la generación de energía.

Cuando se piensa en “el medio ambiente”, es casi automática la relación que se establece con el agua. Si se vive en un entorno urbano, por ejemplo, la mayor parte de las campañas para mejorar el medio ambiente se centra en el cuidado y uso óptimo del agua; se impulsa, por ejemplo, el cambio de instalaciones sanitarias por otras que empleen menos agua para su funcionamiento, al tiempo que se promueve el uso de fontanería más eficiente; esto es, que, a la par que emplee menos agua, dé servicio como si utilizara la misma cantidad de vital líquido que la fontanería convencional. Desde luego que en un ambiente urbano se habla de otros temas que se relacionan con el medio ambiente, sin embargo, la mayor preocupación es emplear el agua de manera eficiente para mantener un suministro constante a un costo razonable.

El agua cubre tres cuartas partes de la superficie terrestre. Sin embargo, noventa y siete por ciento de la misma es salada, no apta para su consumo tanto por el ser humano como por plantas o animales. Existen especies animales y vegetales que tienen la capacidad de adaptarse para procesar mayores cantidades de sodio; sin embargo, la inmensa mayoría de organismos que dependen del agua para su supervivencia necesitan agua con concentraciones minerales muy por debajo de las que se encuentran en el agua del mar. No toda el agua que se encuentra en el planeta es igual. La gran mayoría es salada y se encuentra distribuida en más o menos setenta y cinco por ciento de la superficie terrestre; del agua dulce, que totaliza apenas tres por ciento, dos terceras partes, por su difícil acceso, quedan fuera del alcance inmediato del ser humano. ¿Cómo se supone, entonces, que se puede sustentar la vida cuando la desproporción entre agua inutilizable y utilizable es tan grande?

Era simplemente una cuestión de tiempo que, ante la crisis por la escasez de agua, el ser humano posara sus ojos en una fuente aparentemente inagotable pero que, hasta el momento, le había sido inaccesible: el mar.

La obtención de agua potable a partir de las aguas del mar no es una idea nueva. Fue justamente durante las largas travesías marítimas que más agudamente se sentía la amarga ironía de estar rodeado de agua que no se podía beber, y fue en los barcos en donde empezó a implementarse la que hoy en día se vislumbra como la solución a la crisis del agua en el mundo.

No fue sino hasta el siglo XX, que se comenzaron a implementar las grandes plantas para el tratamiento de agua salada, siendo la primera una planta con capacidad de desalación de setenta y cinco metros cúbicos por día en Egipto, puesta en operación en 1912. No es de sorprender que, dadas las duras condiciones de la vida en un clima desértico o semidesértico, la actividad de las plantas desalinizadoras haya crecido enormemente durante la primera mitad del siglo XX en los países árabes. En Estados Unidos, en cambio, la primera planta desalinizadora a gran escala abrió sus puertas hasta 1961 en Freeport, Texas, como parte de un programa que comprendía la construcción y puesta en marcha de cinco plantas desalinizadoras cuyo objetivo era demostrar la viabilidad, el potencial económico, y, ¿por qué no decirlo?, las posibilidades que ofrecía la ingeniería en los procesos de conversión de aguas salobres y saladas.

Donde más se ha desarrollado la desalinización a gran escala es en los países árabes. En Kuwait fue donde se puso en operación la primera planta de desalinización por destilación relámpago en tres etapas, en 1957, lo que supuso un gran avance sobre las unidades existentes en operación en otros países árabes hasta ese momento, seis en total. Estas unidades antiguas, que eran evaporadores inmersos, no podían operar más allá de seiscientas horas seguidas y no eran tan eficientes como pudiera desearse, ya que tendían, justamente por estar sumergidas, a acumular residuos que se descomponían y afectaban la calidad del agua obtenida y obligaba a someter a las máquinas a un largo proceso de limpieza.

Fue durante la década de 1960 que se masificó el uso de la desalinización para el abasto de agua: en Estados Unidos y Australia, país que depende mucho de precipitaciones sumamente inestables para llenar sus presas, se pusieron en funcionamiento plantas que operaban por ósmosis inversa, en tanto que en los países árabes se siguió utilizando la evaporación relámpago por etapas. En Europa, la primera planta desalinizadora se instaló en Lanzarote España en 1965, y utilizaba evaporación por energía solar, muy innovadora para su momento, pero que ha caído en desuso hoy en día. Poco a poco, la desalinización se fue adoptando a lo largo y ancho del mundo como una solución ante la escasez del vital líquido, con plantas con mayor capacidad de producción y mayor número de unidades en funciones. Pero es en los países en donde, o no se tiene acceso al agua dulce, o este está muy restringido, donde más de esta tecnología puede encontrarse. Estas zonas son, paradójicamente, ricas en petróleo pero muy pobres en agua. Son, por supuesto, los países árabes.